Budapest: ¿Celestina?

¡Por fin! Debido a que Bilbao la considero ya mi segunda (o tercera) casa el viaje en sí no empezó hasta que llegué a Budapest. No me encontraría con mis compañeros de viaje hasta el día siguiente, por tanto, tenía por delante un día entero para viajar por mi cuenta y descubrir la capital de Hungría. ¿Qué esperar de una ciudad con este atardecer y esta iluminación por la noche?

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En Bilbao fue relativamente fácil encontrar personas para las primeras fotos… Ahora me tocaba transmitir en un idioma que no dominaba todas las ideas recogidas tras este proyecto. Llegué a la estación de trenes principal de la ciudad y claramente debía hacer una foto allí dentro. Pero… ¿a quién? Hasta ahora las personas elegidas no habían tenido ningún perfil en particular. Me gustaba un lugar, miraba quién andaba por la zona y simplemente preguntaba hasta encontrar el “sì”. A partir de ahora sería más complicado, pensé. Me encontraba en un país con una cultura bien distinta a la española… y si allí la gente a la que abordaba ya le sonaba raro mi petición de colaboración aquí lo sería aún más. ¡Y encima en inglés!

Claramente debía elegir a alguien joven. Creo que tardé media hora en decidir y atreverme a preguntar. En mi cabeza repetía el discurso que iba a soltares una y otra vez y mi mayor preocupación era que por lo menos no llamaran a la policía denunciando que un chico español le estaba proponiendo cosas raras. Allí, esperando, vi a unas chicas jóvenes…

– (Alex contando todo su discurso)
– What??

Sí, me olvidé que todo esto iba de comunicarse con la gente. Más calmado, tratando de pronunciar bien y con frases cortas volví a explicar lo que quería de ellas. Dudaron un instante pero finalmente me dijeron que sí. ¡Las primeras personas que preguntaba fuera de España y el resultado no podría haber sido mejor!

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¿Muy fácil, no?

– Ey, ¿vas a hacer alguna foto más por aquí?
– Eh… sí, quizá sí. ¿Queréis participar en otra más?

Muchas risas, hablan entre ellas dejándome claramente fuera de la conversación. Se giran de nuevo y me dicen:

– Sólo si consigues que ese chico de allí participe también y nos de su número.

Más risas. Observando bien, reconozco quién de las tres es la verdadera interesada y con la mejor de mis sonrisas hago que me sigan. Resultó que el chico estaba de viaje una temporada y aunque holandés tenía familia en Perú. En español le expliqué todo: mi proyecto, la foto que tomé a las chicas tras de mí, su petición de hacerse una foto con él y quién de las tres era la que quería su número de teléfono. ¡Aquí tenéis el resultado!

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Me fui de la estación riéndome. Sabía que esta historia sería una de las primeras en ser contada en la web que por aquel entonces tenía en mente. Y sí, el chico le dio su teléfono a la que aparece junto a él en la foto. ¡Quién sabe qué ocurrió entre ellos al final!

 

Alejandro

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